sábado, 6 de octubre de 2007

Cuando una obra es expuesta, pierde su punto fuerte


El arte contemporáneo desde la mitad del siglo XX en adelante se vuelca sin rendición al ser humano, en todos sus actos...es decir, el ser humano se ha vuelto obra nuevamente...

Digo nuevamente pues si se observa al buen Vincent van Gogh (30 de marzo de 1853 - 29 de julio de 1890 ), no solo es la técnica del dibujar con el tubo lo que muestra de su trabajo algo rupturista, conmovedor y lleno de expresión, es por sobre todo el hecho de incorporar a los seres humanos abandonados por la pintura decorativa: el cartero, los campesinos en oración y en la cena frugal, los mismos durmiendo luego de la dura jornada, los presidiarios, el vendedor de óleos...

Este hecho que pareciera normal en la historia del arte, el de la incorporación de la existencia, no lo es si observamos la profusión con que se abusa del acto experimental en el arte contemporáneo, donde en muchas ocasiones solo se pretende ocultar una escasez de ideas, conocimientos y procesos para una real investigación y experimentación.

La experimentación como producto del análisis y la investigación, de un momento, situación o conjunto de eventos relevantes, viene en poner sobre todo en tela de juicio verdades y dogmas.

Así el “Arte Povera” (Arte Pobre, Italia 1967), por citar un ejemplo pone en entredicho la validez del arte cuando este se transforma en objeto suntuario y de consumo para nuevos ricos y grupos ascendentes que buscan en el, acceso a grupos intelectuales.

Sin embargo la experimentación fundamentada, nos acerca al reconocimiento efectivo de nuevas posibilidades creativas o constructivas no solo desde los materiales sino también desde el observador, cuando a este se lo increpa, provoca o responde, haciéndolo “parte de la obra”.

La idea de integración del espectador a la obra, contiene como podrán suponer el relevar el acto puramente asimilador por un estado sensible o sensibilizado haciendo del disfrute de las manifestaciones creativas una cuestión analítica que nos construye destruyendo dogmas.

A manera de conclusión, la carencia de vanguardias artísticas, no se extrañan únicamente por lo aburridas, monótonas y evidentes que resultan algunas bienales de arte, sino por esa capacidad de releer y revelar a unos cuantos malos imitadores de la experimentación más pura y libre.

Fulvio Fernández M.

Artista Visual


http://www.celtibbero.blogspot.com/


2 comentarios:

Roberto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Roberto dijo...

La falta de las vanguardias históricas se debe a la falta de sucesos históricos conmovedores.
No digo que ahora esté todo bien, sino que la monotonía y el descanso ocasional de la realidad no convulsiona las emociones humanas.

Creo que el arte siempre ha sido comercial y consumido por una burguesía intelectual. Dadá luego de pregonar contra el mercantilismo se convirtió su obra en un gran objeto de cambio. Las pinturas no saben bien a la hora de comer.


Interesante el escrito Fulvio.

Saludos Talquinos.